| Miguel Angel's profileLos despojosBlogListsNetwork | Help |
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April 26 NaufragiosDías van, días vienen. Algo coagula en alguna parte, temo que sean mis sueños, mis anhelos, mis deseos. En alguna costa de silencio y amargura, el costillar roto de mi barca se pudre al sol y yo nado en un mar picado. Las cosas que amaba, las cosas que me hacían feliz son poco menos que despojos arrojados por la marea en una costa fuera de mi vista. Mis recatados placeres, mis raros, pocos y materiales placeres, me dejan en los labios un sabor de miel corrompida por el fastidio, corrompida por la angustia de días cansados y noches sin sueños. Mi vida es una deriva fatigada. Estoy desde varios puntos de vista bastante bien, bastante en calma y desde otro puntos igualmente aceptables estoy bastante mal. Estoy haciendo lo que quiero con la certeza de que después ya no lo haré, y eso me esfuma el sabor de satisfacción. Hace tanto que no escribo y no estaría tan mal sino tuviera el deseo de hacerlo. Pero deseo decir tantas cosas, deseo que escribir vuelva a ser mi pan, mi sal, mi carne. Deseo volver a ser un escritor... Deseo ser de nuevo con Sherezada y el rey; narrando historias para evitar la muerte, o como el rey en una variación de Borges, para escucharlas sólo mientras llega. Deseo ser como los narradores del Decamerón, huir de la peste del mundo a través de la representación de otros mundos, de otras pestes. Huir en el placer del creador. Pero me hundo en una penosa realidad, visceralmente inmediata.
Sé que son pocos los lectores de esta página, y sé que son menos de los que alguna vez fueron y menos aún los que me extrañarán. Y no me estoy yendo, pero me siento con la obligación de oficializar mi ausencia. Dejaré este blog hasta que tenga el timón de mi vida. Hasta que mi naufragio concluya en arenas firmes, en un tierra adentro que me mantenga de pie, que ate mi cuerpo, que me deje soñar al ser libre de muchas preocupaciones que me devoran los sueños. Volveré cuando desentierre de la arena los despojos, los restos de este naufragio.April 10 "¿Qué árbol es éste? ¿Qué heridas son éstas?"
Aturdidos por mi “corazón enfermo” unos amigos de llevar a la ópera... Parsifal de Wagner. ¿Acaso no entienden? ¿No ven que me rompo en mil pedazos? Tiempo. El tiempo se vuelve... Extraño. Han pasado cuarenta minutos desde que consumí tres porciones del hongo amanita. No hay efecto. De pronto me convenzo de que la casa está viva, y trata de comunicarse conmigo. La presión atrás de mi cabeza me obliga a voltear. En su pequeño universo contenido, dos peces payasos, enormes y brillantes, están por chocar uno contra otro. Forman el signo de piscis.
¡Piscis! ¡La atribución astrológica de la carta de la luna en el Tarot! El símbolo del sufrimiento y la iniciación. Muerte y renacimiento. Me han mostrado el camino. Debo seguir esa ruta. Como Parsifal, tengo que enfrentar la locura que me amenaza. Iré solo a la Torre Oscura. Sin mirar atrás. Para enfrentar al dragón en su interior. Sólo tengo una preocupación. ¿Y si no soy suficientemente fuerte para derrotarlo? ¿Entonces qué? La sustancia me domina. Me siento pequeño y temeroso. Quizás hice lo indebido. En algún lugar, no muy lejano, el dragón arrastra todo su terrible peso por los corredores del asilo. Me sobrecoge una ola de terror perfecto. Y el mundo explota. No hay de qué sujetarse. Ni un ancla. Me domina el pánico. Huyo. Corro ciegamente por el manicomio. Ni siquiera puedo orar. Pues no tengo Dios.
Las puertas se abren y se cierran. Aplauden mi huída. Las cerraduras sangran. Un coro de niños lisiados sexualmente cantan mi nombre una y otra vez. “Arkham... Arkham... Arkham...” Estoy cayendo. Oh, madre, ¿qué árbol es éste? ¿Qué heridas son éstas? Soy Attis en el pino. Cristo en el cedro. Odín en la ceniza del mundo. “Colgado del árbol del viento, por nueve noches, herido con la lanza. Dedicado a Odín. De mí hacia mí mismo.” Debo ver debo ver mi reflejo, para demostrar que aún existo. Afuera, oigo que el dragón se acerca cada vez más. Desesperado, quito la cinta del espejo, tira por tira, rompiéndome las uñas. Hasta que me revelo ante el cristal. Y observo dentro de mi mirada. ¡Madre!
Entonces debí desmayarme, pues es de mañana cuando abro los ojos. No puedo decir dónde terminó el dragón. Y yo empiezo. Pero ¿No soy el héroe, el Hombre del Destino? ¿Acaso no enfrente al Gran Dragón? ¿Dónde, entonces, está mi grial? ¿Mi tesoro? ¿Mi último premio?
April 03 "... y el abismo te devolverá la mirada."De pie en la calle. Miré cómo ardía (el edificio). Lo imaginaba sin torso, ahí dentro; pecho carbonizándose; vientre abrasándose; incinerado por las llamas. Miré durante una hora. Nadie salió.
Ante el resplandor, brillaba una mancha de sangre como el mapa de un nuevo continente. Me sentí limpio. El planeta giraba bajo mis pies y supe lo que a los gatos les hace llorar como niños en la noche. Miré al cielo a través del humo de grasa humana, y Dios no estaba ahí. La fría oscuridad se abría al infinito. Estamos solos. Vivir nuestras vidas sin nada mejor qué hacer. Encontrar la razón luego. Nacer del olvido, traer niños a este infierno y penetrar al olvido de nuevo. No existe nada más. La existencia es azar. No hay esquema, excepto el que imaginamos después de vivirla... Ningún significado, sólo el que elegimos e imponemos. Este mundo no está creado por fuerzas metafísicas. No es Dios el que secuestra a los niños, no es la fatalidad la que los asesina ni el Destino el que se los echa a los perros. Somos nosotros. Sólo nosotros. La calle apestaba a fuego. El vacío respiraba con dificultad en mi corazón, helando mis ilusiones, haciéndolas pedazos. Entonces renací, libre para seguir mi propio camino en un mundo sin moral. Era Rorscharch.
Notas del Dr. Malcolm Long. Octubre 28, 1985 ¿Porqué discutimos? La vida es frágil, un virus ponzoñoso en una mancha de barro, suspendido en la nada eterna. La próxima semana, podría estar metiéndola en una bolsa de basura, y sacándola a la calle para la Recogida. Me senté en la cama. Miré el test de Rorscharch. Traté de ver un árbol frondoso, proyectando una sombra a sus pies, pero no pude. Me parecía más un gato muerto que encontré una vez, lleno de gusanos brillantes y gordos, unos encima de otros, recorriéndolo, huyendo de la luz. Incluso eso es esquivar el verdadero horror: El autentico horror es que al final, sólo son unas manchas oscuras, vacías y sin sentido. Estamos solos. No hay nada más.
Extraído de "The Watchmen" publicado por DC Comics en setiembre de 1986. Tomo #6. Gúión de Alan Moore. |
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