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February 14 Mo(u)rningPara ti
que vendrás tan a destiempo
con la sangre lenta y la sorpresa clausurada,
con ese vago sentimiento de ceniza
que mis palabras te mirarán sin reconocerte.
December 21 Calígula (segunda parte)
Diosa de los dolores y la danza.
Nacida de las olas, toda viscosa y amarga entre la sal y la espuma. Tú, que eres como la risa y el pesar, el rencor y el impulso... Enséñanos la indiferencia que hace renacer los amores. Instrúyenos sobre la verdad de este mundo, que consiste en no tenerla. Y concédenos fuerzas para vivir a la altura de esta verdad sin igual.
Cólmanos de tus dones, extiende sobre nuestros rostros tu crueldad imparcial, tu odio objetivo; abre por encima de nuestros ojos tus manos llenas de flores y de crímenes.
Acoge a tus hijos extraviados. Recíbelos en el desnudo asilo de tu amor indiferente y doloroso. Danos tus pasiones sin objeto, tus dolores privados de razón y tus alegrías sin porvenir.
Tú, tan vacía y tan ardiente, inhumana pero tan terrenal, embriáganos con el vino de tu equivalencia y sácianos para siempre en tu corazón negro y salino.
Albert Camus en Calígula December 04 CalígulaExtracto de Calígula de Albert Camus
J. Escipión: ¡Qué corazón hediondo y ensangrentado tienes! ¡Oh, cómo deben de torturarte tanta maldad y tanto odio! Calígula: Cállate ya. J. Escipión: ¡Cómo te compadezco y cómo te odio! Calígula: ¡Calla! J. Escipión: ¡Y qué soledad inmunda debe de ser la tuya! Calígula: (estallando, se arroja sobre él, lo coge por el cuello y lo zarandea) ¿Acaso sabes tú lo que es la soledad? La de los poetas y la de los impotentes. ¿Soledad? ¿Pero cuál? Ah, tú no sabes que nunca se está solo. Y que a todas partes nos acompaña la misma y pesada carga de porvenir y de pasado. Los seres que hemos matado están con nosotros. Y con ésos todavía sería fácil. Pero con los que hemos querido, con los que no hemos querido y que nos quisieron, los remordimientos, el deseo, la amargura y la dulzura, las putas y la pandilla de los dioses. (lo suelta y retrocede) ¡Solo! ¡Ah, si por lo menos, en lugar de esta soledad envenenada de presencias que es la mía, pudiera saborear la verdadera, el silencio y el temblor de un árbol! (sentado, con súbito cansancio) ¡La soledad! No, Escipión. La atraviesa un rechinar de dientes y resuenan en ella ruidos y clamores perdidos. Y junto a las mujeres con las que me acuesto, cuando la noche se cierra sobre nosotros y, alejado por fin de mi carne satisfecha, creo asir un poco de mí mismo entre la vida y la muerte, mi soledad entera se llena del agrio olor del placer en las axilas de la mujer que aún naufraga a mi lado. (Parece extenuado, largo silencio. El joven Escipión pasa por detrás de Calígula y se acerca, vacilante. Extiende una mano hacia Calígula y la apoya en su hombre. Calígula, sin volverse, la cubre con una de las suyas)
J. Escipión: Todos los hombres tienen algún dulce consuelo en la vida. Eso les ayuda a continuar. A él recurren cuando se sienten demasiado gastados. Calígula: Es cierto, Escipión. J. Escipión: ¿No hay, pues, en la tuya nada semejante? ¿La llegada de las lágrimas? ¿Un refugio silencioso? Calígula: Si, a pesar de todo. J. Escipión: ¿Y qué es? Calígula: El desprecio. Telón
November 01 Primero sueño
Me gusta creer que soy una persona estremecida por muchos sueños. Sirven quizás para darle sentido, poblar de significado, una existencia a la zozobra que de muchas maneras me he buscado. Hay una tríada para darle sentido, se supone, a la vida (cualquier vida): Ten un hijo, planta un árbol, escribe un libro. Llevo dos de tres. No. No tengo ningún hijo. He plantado algunos árboles y he escrito algunos libros. Y tengo otros tanto por escribir... Hace cinco años (hoy exactamente se cumplen) presenté Icaria, mi único libro publicado en el Jardín de Letras. Cumplí en aquel entonces un sueño que había tenido mucho tiempo... Ya han pasado cinco años. No he vuelto a publicar otro (tampoco le he hecho demasiado esfuerzo...) y hace demasiado que la satisfacción de “un sueño anotado” se desvaneció. Pero todavía me pregunto si para cuando escriba la entrada del 1 de noviembre del 2011 (¿se usarán aun los space en ese momento?) Icaria tendrá ya algún “hermanito”. Bordeando esa pregunta, y con una pizca grande de ocio, he “planeado” las siguientes ediciones, en orden:
Icaria, reedición. Corregidas las erratas, un nuevo prólogo de Conrado Córdova Trejo y un apéndice con las imágenes de Iván Camarena, comentadas por él.
Ceniza a la ceniza, una compilación de mis poemas de amor-desamor / memoria-olvido, dispuestos de tal manera que forman una coherente narración amorosa. Desgastante y absurdo, como los recuerdos de un amor ausente. Mi único intento por utilizar un lenguaje sencillo y sin complicaciones estructurales.
Ecos, mi favorito, sin duda alguna. El Mito, revalorado, resemantizado y reinterpretado. El trabajo que más me ha satisfecho y donde he encontrado mi nicho expresivo. Un libro transgresivo por que ¿qué mayor trasgresión en estos días que ser clásico? Ecos, el título es literal: la reverberación de la tragedia en los mitos griegos, el eco del dolor y por ende, la escasa originalidad del sufrimiento humano. Prefigurado siempre, un eco.
Los Despojos, el primer poema que tengo (conservo mis manuscritos, todos y cada uno) está fechado el 17 de diciembre de 1998. Al cumplir diez años de escribir poesía, pretendo reunir todos aquellos poemas que ya sea por su temática o por su poca calidad no aparecieron en ningún otro libro. Un libro fetiche, donde la honestidad artística y la egolatría se confunden un poco, de veras.
El Emisario, mi primera novela. Un tributo a H.P. Lovecraft y sus discípulos, pero con la bastante independencia para ser leído por cualquier profano de los mitos de Cthulu. La historia de un esquizofrénico en un asilo mental, con un horror que se remonta al Caos Primigenio habitando dentro de su mente. Este libro ha rondado mi cabeza desde hace años, creciendo junto a mis lecturas y acabando con la paciencia de todos los que me han escuchado narrársela. Dedicada a todos aquellos que dijeron “Deberías de escribirla de una vez” y que en el fondo pensaban “Si le digo eso, se callará”.
Caín, la novela que si soy capaz de escribir como he soñado, será por la que quisiera ser recordado. El Mito de Caín, nutrido en la fantasía y los surrealismos de la especulación religiosa. Un parábola del asesino como cimiento de la civilización, del exilio como autoproclamación.
Y, desde luego, otros sueños que surjan por ahí, serán bien recibidos. Pero pues, no esperen que esperaré de pie.
(¿Encontró usted, lector, el sueño escondido? Claro que sí, se trata de una pequeña editorial)
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Son las dos de la mañana o algo así. Viajo recostando mi cabeza sobre mi maleta en el asiento trasero de un Chevy, escuchando música en mis audífonos, intentando dormir (llevo dos horas en el intento) aunque sea un poco. Entonces, llegamos a Guaymas. Me incorporo y pego mi rostro a la ventana, siempre me ha gustado ver el mar.
El mar es de esas poquísimas cosas que encierran dentro de si todo el drama humano: la oscilación entre la eufórica alegría y la melancólica tristeza. Otras de esas cosas capaces de englobar esos sentimientos son la memoria (¿o el olvido?) y la música.
La noche estaba cubierta por gruesos nubarrones, transidos alguna vez por un relámpago distante, completamente sin estrellas… abajo, el mar se extendía en su particular infinitud. El disco House of Atreus de Virgin Steele no me permitía escuchar (tampoco lo hubieran permitido el cristal y la distancia) el sonido de las olas, o lo truenos apagados. Sólo era un paisaje inmóvil, de una duplicada (cielo y mar) oscuridad sin límites. Y de un silencio intuido y disfrazado de música.
La luna rompió entonces por un instante la negrura de las nubes y asomó, iluminando, con esa frialdad que sólo la luna sabe dar, cuando ha atestiguado lo más jurados pactos de amor, y también cuando ha iluminado los pasos hacia la nada de un corazón incierto y roto. En eso se parece al mar; ambos han evocado todos los suspiros, todo el aliento del amor, todas las tristezas, los adioses y las ausencias. Cielo y mar cifrando en su significado toda la miel y toda la hiel de la pasión humana.
Mucha gente te dice que cree en Dios por que no puede dejar de asombrarse ante la maravilla del mundo, ante su majestuosidad. Pero creo que hay algo más íntimo que la admiración anidado en la creencia de un ser que nos ha dado un propósito: miedo. Y ¿qué otra cosa sentir ante la desolación de dos oscuridades extendiéndose de horizonte a horizonte? ¿qué decir ante esa inmensa nada, que nos contempla como un ciclope, en el frío resplandor de la luna? Imagino al hombre, aquel que acuñó de su temor la palabra “dios”, no ante el fuego, no ante la primavera rebosante, no ante la oportuna migración de la caza a los bosques aledaños, sino ante la oscuridad… de pie, solo, ante el mar, ante la noche y ante la eternidad, para quien sus huesos que ahora mismo lo sostenían, para quien su sangre que violentaba sus venas, no tenían más sentido que la arena o las aguas saladas que lo conforman. Y para la noche y la luna, ni mar, ni marea, ni tiempo, ni eternidad significaban… Dios la quimera de los sueños y temores de un hombre solitario. Como esa otra quimera, el amor. Dios es amor, ¿tendrán idea de la razón que tienen?
La luna volvió a meterse entre los nubarrones. Tan solo un eventual destello platinaba el cielo de cuando en cuando… lo demás era simple y llana oscuridad y silencio.
Son las dos de la mañana. Hace frío a pesar de la temporada. El mar, su adivinado rumor, se va perdiendo en la distancia. Juro no ser ese hombre que inventa quimeras ante el silencio o el vacío… ni siquiera ante la distancia. Tengo miedo de que la luna se convierta en mi guía o en un espejo de mis ansias.
10 de julio de 2006
Nota: Mientras escribo, llueve... qué apropiado.
Días van, días vienen. Algo coagula en alguna parte, temo que sean mis sueños, mis anhelos, mis deseos. En alguna costa de silencio y amargura, el costillar roto de mi barca se pudre al sol y yo nado en un mar picado. Las cosas que amaba, las cosas que me hacían feliz son poco menos que despojos arrojados por la marea en una costa fuera de mi vista. Mis recatados placeres, mis raros, pocos y materiales placeres, me dejan en los labios un sabor de miel corrompida por el fastidio, corrompida por la angustia de días cansados y noches sin sueños.
Mi vida es una deriva fatigada.
Estoy desde varios puntos de vista bastante bien, bastante en calma y desde otro puntos igualmente aceptables estoy bastante mal. Estoy haciendo lo que quiero con la certeza de que después ya no lo haré, y eso me esfuma el sabor de satisfacción. Hace tanto que no escribo y no estaría tan mal sino tuviera el deseo de hacerlo. Pero deseo decir tantas cosas, deseo que escribir vuelva a ser mi pan, mi sal, mi carne. Deseo volver a ser un escritor...
Deseo ser de nuevo con Sherezada y el rey; narrando historias para evitar la muerte, o como el rey en una variación de Borges, para escucharlas sólo mientras llega. Deseo ser como los narradores del Decamerón, huir de la peste del mundo a través de la representación de otros mundos, de otras pestes. Huir en el placer del creador.
Pero me hundo en una penosa realidad, visceralmente inmediata.
Sé que son pocos los lectores de esta página, y sé que son menos de los que alguna vez fueron y menos aún los que me extrañarán. Y no me estoy yendo, pero me siento con la obligación de oficializar mi ausencia. Dejaré este blog hasta que tenga el timón de mi vida. Hasta que mi naufragio concluya en arenas firmes, en un tierra adentro que me mantenga de pie, que ate mi cuerpo, que me deje soñar al ser libre de muchas preocupaciones que me devoran los sueños.
Volveré cuando desentierre de la arena los despojos, los restos de este naufragio.
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Aturdidos por mi “corazón enfermo” unos amigos de llevar a la ópera... Parsifal de Wagner. ¿Acaso no entienden? ¿No ven que me rompo en mil pedazos?
Tiempo. El tiempo se vuelve... Extraño.
Han pasado cuarenta minutos desde que consumí tres porciones del hongo amanita. No hay efecto. De pronto me convenzo de que la casa está viva, y trata de comunicarse conmigo. La presión atrás de mi cabeza me obliga a voltear. En su pequeño universo contenido, dos peces payasos, enormes y brillantes, están por chocar uno contra otro. Forman el signo de piscis.
¡Piscis! ¡La atribución astrológica de la carta de la luna en el Tarot! El símbolo del sufrimiento y la iniciación. Muerte y renacimiento.
Me han mostrado el camino. Debo seguir esa ruta. Como Parsifal, tengo que enfrentar la locura que me amenaza. Iré solo a la Torre Oscura. Sin mirar atrás. Para enfrentar al dragón en su interior. Sólo tengo una preocupación. ¿Y si no soy suficientemente fuerte para derrotarlo? ¿Entonces qué?
La sustancia me domina. Me siento pequeño y temeroso. Quizás hice lo indebido. En algún lugar, no muy lejano, el dragón arrastra todo su terrible peso por los corredores del asilo. Me sobrecoge una ola de terror perfecto.
Y el mundo explota. No hay de qué sujetarse. Ni un ancla. Me domina el pánico. Huyo. Corro ciegamente por el manicomio. Ni siquiera puedo orar. Pues no tengo Dios.
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Las puertas se abren y se cierran. Aplauden mi huída. Las cerraduras sangran. Un coro de niños lisiados sexualmente cantan mi nombre una y otra vez.
“Arkham... Arkham... Arkham...”
Estoy cayendo.
Oh, madre, ¿qué árbol es éste? ¿Qué heridas son éstas?
Soy Attis en el pino. Cristo en el cedro. Odín en la ceniza del mundo.
“Colgado del árbol del viento, por nueve noches, herido con la lanza. Dedicado a Odín. De mí hacia mí mismo.”
Debo ver debo ver mi reflejo, para demostrar que aún existo. Afuera, oigo que el dragón se acerca cada vez más. Desesperado, quito la cinta del espejo, tira por tira, rompiéndome las uñas. Hasta que me revelo ante el cristal. Y observo dentro de mi mirada.
¡Madre!
Entonces debí desmayarme, pues es de mañana cuando abro los ojos. No puedo decir dónde terminó el dragón. Y yo empiezo.
Pero ¿No soy el héroe, el Hombre del Destino? ¿Acaso no enfrente al Gran Dragón? ¿Dónde, entonces, está mi grial? ¿Mi tesoro?
¿Mi último premio?
De pie en la calle. Miré cómo ardía (el edificio).
Lo imaginaba sin torso, ahí dentro; pecho carbonizándose; vientre abrasándose; incinerado por las llamas. Miré durante una hora.
Ante el resplandor, brillaba una mancha de sangre como el mapa de un nuevo continente. Me sentí limpio. El planeta giraba bajo mis pies y supe lo que a los gatos les hace llorar como niños en la noche. Miré al cielo a través del humo de grasa humana, y Dios no estaba ahí. La fría oscuridad se abría al infinito. Estamos solos.
Vivir nuestras vidas sin nada mejor qué hacer. Encontrar la razón luego. Nacer del olvido, traer niños a este infierno y penetrar al olvido de nuevo. No existe nada más.
La existencia es azar. No hay esquema, excepto el que imaginamos después de vivirla... Ningún significado, sólo el que elegimos e imponemos.
Este mundo no está creado por fuerzas metafísicas. No es Dios el que secuestra a los niños, no es la fatalidad la que los asesina ni el Destino el que se los echa a los perros. Somos nosotros. Sólo nosotros.
La calle apestaba a fuego. El vacío respiraba con dificultad en mi corazón, helando mis ilusiones, haciéndolas pedazos. Entonces renací, libre para seguir mi propio camino en un mundo sin moral.
Era Rorscharch.
Notas del Dr. Malcolm Long. Octubre 28, 1985
¿Porqué discutimos? La vida es frágil, un virus ponzoñoso en una mancha de barro, suspendido en la nada eterna. La próxima semana, podría estar metiéndola en una bolsa de basura, y sacándola a la calle para la Recogida.
Me senté en la cama. Miré el test de Rorscharch. Traté de ver un árbol frondoso, proyectando una sombra a sus pies, pero no pude. Me parecía más un gato muerto que encontré una vez, lleno de gusanos brillantes y gordos, unos encima de otros, recorriéndolo, huyendo de la luz. Incluso eso es esquivar el verdadero horror:
El autentico horror es que al final, sólo son unas manchas oscuras, vacías y sin sentido.
Estamos solos.
No hay nada más.
Extraído de "The Watchmen" publicado por DC Comics en setiembre de 1986. Tomo #6. Gúión de Alan Moore.
Se ha dicho que de los caídos
sólo Lilith y sus hijas pueden dar a luz..
Una verdad a medias no protege de la noche.
Yo tengo muchos hijos.
Almas de luz, seducidas por la sombra.
Bautizadas y renacidas... en el oscuro infierno.
A mi me arrancaron las alas...
yo les arranqué su inocencia.
Su libertad.
Sus sueños.
Cielo ¿Dónde está tu victoria?
Cuando llegué el día, no arderé solo.
Mis hijos arderán conmigo.
Mis bellos y desgarrados hijos.
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Nada dura eternamente.
El beso de ayer era la promesa de ayer.
Hecha para romperse.
El cielo de ayer es el infierno de hoy.
Sale el mismo sol.
Pero el paraíso es un desierto.
Riégalo con tus lágrimas.
Sueña. Confía. Espera. Y aprende.
En esta tierra baldía, sólo crecen sombras.
Sombras y sólo sombras.
Sueña, ya has cerrado los ojos.
Soñar es estar ciego.
Confía, y has vuelto la espalda.
Confiar invita a la traición.
Espera, y malgastas tu vida.
Esperar, es suicidio.
¿Cuándo aprenderás?
Tienes el poder de liberarte.
Sabes el camino.
Siempre lo supiste.
La rabia posee fuerza...
la sospecha, sabiduría.
Cuando no te queda más.
Cuando los sueños te traicionan.
Y tu corazón se ha convertido en ceniza...
el recuerdo del placer, dolor amargo,
y te encuentras en la oscuridad, solo...
Te esperaré
A ti, Michel. Sólo a ti.
Ahí estaré, para ti.
Nos perdemos en el mundo, Michel...
Queremos sentir, ser amados.
Ser de alguien.
Pero no sabemos cómo.
Y nos volvemos hacia la noche
y por un tiempo la noche parece
encerrar todo cuanto hemos buscado.
Ahí nos encuentran los ángeles.
Nos prometen emoción.
Un abrazo. Un misterio. Un lugar en el paraíso.
Nos prometen alas, mi amor.
Nos violan a oscuras...
Extraído de "Say me, Dark" publicado por DC Comics. Guión de Karl Edward Wagner
Me pregunto, ¿qué pasa contigo? ¿qué te hizo ser lo que eres? ¿Tu novia fue asesinada por una pandilla, quizás? ¿tu hermano fue descuartizado por un asesino? Algo como eso, apuesto que fue algo como eso...
Algo parecido me ocurrió, tú sabes... yo, yo no estoy exactamente seguro de que así fue. A veces lo recuerdo de una manera, a veces de otra... y si voy a tener un pasado, ¡prefiero que sea se opción múltiple, ja, ja, ja!
Pero mi punto es... mi punto es que me volví loco. Cuando vi la oscura y horrible broma que era el mundo ¡me volví loco como una cabra! ¡Lo admito!
Y pienso, tú no eres estúpido, tú debes ver la realidad de la situación. ¿Sabes cuántas veces hemos estado al borde de la Tercera Guerra Mundial por culpa de un montón de gansos en una pantalla de computadora, ¿sabes lo que provocó la última guerra mundial? un argumento sobre cuántos postes de telégrafo le debía Alemania a sus acreedores de guerra. ¡Postes de telégrafo, ja, ja, ja!
Todo es una broma. Todo lo que la gente valora o por lo que lucha... Todo es un chiste demente y monstruoso... entonces... ¿por qué no le ves el lado divertido?
¿Por qué no te ríes?
Y, en el lugar más oscuro, Phlegetonyarre es testigo del cumplimiento de la profecía: Del lugar más alto viene el jinete sobre el caballo blanco.
¿Cómo puede esto pasar una y otra vez? Las opciones son mías y de ellos para tomarlas. ¿Preferirían ser esclavos de Dios o ser libre para amar y vivir en su propia carne?
Siempre goza en Su propia gloria, separado del infinito parloteo y el canto de las huestes, Rey de Reyes, Señor de Señores, Fiel y Verdadero ¿Quién necesita de la palabra de Dios? Yo hago mi propia palabra, soy mi propio amo, mírenme: ¿no soy grandioso? ¿no soy sabio? ¿no soy bello? ¿quién no quisiera lo que tengo frente a mí? un pestilente reino de las profundidades, un lugar para llamar propio, a salvo de la dureza de la luz y la ranciedad del aire abierto.
Conozco la verdad: sangre, carne y hueso, dolor, sufrimiento, sexo sin amor y muerte vacía. Tengo fe en lo que puedo ver y tocar y reclamar como propio. ¿Qué es el espíritu?, ¿a quién le importa? Tomar o ser tomado, matar o ser muerto, mejor ser lobo que una oveja, mejor estar solo y no deber nada a nadie, excepto a ti mismo.
Si, ¿quién Te necesita? El cielo, la gracia, el amor, todo mentiras. Soy toda la verdad que se necesita. Soy el arma y la bala, soy la aguja y la droga, soy el violador y la enfermedad, arranco a vuestros hijos asesinados del vientre de sus madres, lleno vuestros testículos con cáncer. Soy vuestra oscuridad, vuestra ira, vuestro odio. Criaros conmigo y sentiros inmortales. Siempre os espero aquí, a que vengáis, por que sois mi pan y mi carne... y... y...
Oh, Dios. Quiero ir a casa. Estoy tan solo...
***
El demonio llora.
Extraído de "Blood & Salvation" publicado por Image Comic en el 2000. Guión de Alan McElroyre
No sé quién eres tú. Por favor créeme. No hay manera de que te convenza de que esto no es uno de sus trucos. Pero no me importa. Yo soy yo, y no sé quién eres pero te amo.
Tengo un lápiz, uno pequeño que ellos no pudieron encontrar. Soy una mujer. Lo escondí dentro de mí. Quizás no sea capaz de escribir de nuevo, así que esta será una larga carta sobre mi vida. Ésta será la única autobiografía que alguna vez escriba y, Dios mío, estoy escribiéndola en papel de baño...
Nací en Nottingham en 1957, llovía mucho. Cuando cumplí los once años, fui a una escuela de señoritas. Quería ser una actriz. En la escuela, conocí a mi primera novia. Su nombre era Sara, ella tenía catorce y yo quince peor ambas estábamos en la clase de la señorita Watson. Sus muñecas, sus muñecas eran hermosas.
Estaba sentada en la clase de biología, frente a un feto de conejo dentro de un frasco con formol mientras el profesor Hird decía que eso era una fase de la adolescencia, que la gente lo supera. Sara lo hizo, yo no.
En 1976 dejé de fingir y llevé a casa a una chica llamada Christine para conocer a mis padres. Una semana después me mudé a Londres, inscribiéndome en una escuela de arte dramático. Mi madre dijo que le rompí el corazón... pero mi integridad era más importante. ¿Fui tan egoísta? Es algo que muchos venden por poco, pero es lo único que nos queda en este lugar, aunque sea sólo una pequeña pulgada de nosotros, en esa pulgada somos libres.
Londres, fui feliz en Londres. En 1981 actué como Dandini en La Cenicienta. Fue mi primer trabajo importante. El mundo era extraño, apresurado y ocupado, las multitudes invisibles tras los reflectores y todo ese asfixiante glamour. Era excitante y también solitario. Por las noches yo iba al Gateway o algún otro club. Pero permanecía aislada y no me mezclaba fácilmente. Yo vi un montón de escenas pero nunca me sentí cómoda : había tanta gente que sólo quería ser gay. Eso era su vida, su ambición y todos hablaban de eso. Y yo quería más que eso.
El trabajo aumentó. De papeles pequeños pase a más grandes. En 1986 protagonicé “El Llano”. Arrasó con los premios, pero no con las multitudes. Conocí a Ruth mientras trabajaba en la película. Nos enamoramos la una de la otra. Vivimos juntas y los días de San Valentín ella me enviaba rosas y, oh Dios, teníamos tanto... Esos fueron los tres mejores años de mi vida.
En 1988 estalló la guerra. Y después de eso no hubo más rosas para nadie.
En 1992, después de la ocupación comenzaron a perseguir a los gays. Ellos atraparon a Ruth cuando ella había salido a buscar comida. ¿por qué ellos estaban tan asustados de nosotras?
La quemaron con colillas de cigarro y ella les dio mi nombre y la hicieron firmar una declaración diciendo que yo la había seducido.
¡Dios! La amaba, y no puedo culparla. Pero ella si lo hizo.
Se suicidó en su celda. Ella no podía vivir habiéndome traicionado, renunciando a esa última pulgada. Vinieron por mí. Dijeron que todas mis películas serían quemadas. Afeitaron mi cabello. Metieron mi cabeza en un excusado e hicieron chistes sobre lesbianas. Me trajeron a esta celda y me dieron drogas. No puedo sentir mi lengua más. No puedo hablar
La otra mujer lesbiana aquí, Rita, murió hace dos semanas. Imagino que moriré pronto. Es extraño que mi vida debe terminar en un lugar tan horrible, pero por tres años tuve rosas y no tuve que pedir perdón a nadie.
Yo moriré aquí, cada pulgada de mí perecerá. Excepto una.
Una pulgada. Es pequeña y es frágil y es la única cosa en el mundo que se mantiene sin mancha. Nosotros nunca debemos perderla o venderla, o renunciar a ella. Nunca debemos dejar que nos la quiten.
No sé quién eres tú, o incluso si eres un hombre o una mujer. Quizás nunca te vea. Nunca te abrazaré o lloraré contigo, o beberemos juntos.
Pero te amo.
Y espero que escapes de este lugar. Espero que el mundo cambie y las cosas se vuelvan mejores y que algún día la gente tenga rosas de nuevo. Desearía besarte.
Valerie
Extraído de "V for Vendetta" (tomo 6) publicado por Vértigo en 1985. Guión de Alan Moore
El jueves pasado fui al cine a ver “V for Vendetta” y me gustó mucho. Curiosamente la mañana de ese mismo día le comentaba a un compañero que no me parecían muy alejados los cómics de la buena literatura, ni demasiado complicado que un literato les echará una mirada sin sentir que estaba viendo basura.
Por eso me he dado a la tarea de subir unos artículos al blog. He escogido varios textos bajo dos “normas de calidad”. La primera es un interés literario y la segunda es la capacidad de ser comprendido, claro, con sus limitantes, fuera de las páginas del cómic al que pertenecen y sin ilustraciones. Había pensado en agregar alguna introducción, pero he decidido no hacerlo, para que mis lectores juzguen por sí mismos.
Espero que los disfruten, y los animen a leer un poco estos cómics, los cuales por cierto pongo a su disposición en su versión digitalizada al que los desee.¿Quién sabe qué es lo que hace amigos a la gente?
Algo en el modo en que se mueven.
La manera en que cantan desafinadamente.
Salman Rushdie
Tengo una foto aquí a la vista mientras escribo. En ella estamos Javier (el Púas) en el centro, a su derecha Román, con lentes oscuros; entre ellos, apenas asomado junto al hombro del Púas, aparece Freyner; a la derecha, el único sin suéter, Fidel; luego está, con una gorra que le ensombrece el rostro, Jorge (el Gordo). A la extrema derecha, con pose de modelo, está Geovanne; y yo estoy junto a Román, en la izquierda.
¿Por qué siento que parece tomada ayer, cuándo en verdad es que ya han pasado siete años de ella?
Buena pregunta, y no de no sencilla respuesta.
Somos lo amigos más inverosímiles. Con dos de ellos esos lazos no soportaron el paso del tiempo y es muy comprensible... ¿pero qué hizo que nos reuniéramos para empezar?.
Me niego a creer que las coincidencias de tiempo y espacio basten para formar vínculos, aunque bien es cierto que cuando esas coincidencias desaparecen, a veces arrastran a la amistad de la misma forma misteriosa que como llegó. No creo que baste el ejercicio diario de la presencia para germinar los lazos que nos unen como amigos, porque de ser así, haría mucho que se habrían marchitado. Me gusta creer, como se habrán dado cuenta si me leen de seguido, que existen pequeños milagros. Así que cuando pienso en Román, en Freyner, en Javier, y en Jorge, quiero sentir que de entre todas las posibilidades de amigos que pude tener en aquella tan difícil etapa que me fue la preparatoria, no pude tener más suerte, no pude haber encontrado mejores personas para estar conmigo. Qué rara, qué mágica coincidencias de personalidades, de cariños, de maneras de ver la vida, que se siguen conjugando, complementando, enriqueciéndose al paso de estos años que distancian aquella foto del día de hoy...
De hoy tu cumpleaños Román...
Ustedes son junto a mi familia mi sal en la vida. Ustedes el sabor que me hace sentir que no importa los vértigos del vacío o del desamor, ustedes estarán ahí. Ustedes para enseñarme tanto.
Tú, Román, con tu apoyo siempre sin límites, con tu amistad sin reservas y sin juicios.
Javier, tan sabio a su manera, un héroe de su propia vida.
Freyner, lleno de optimismo y sin que nada nuble su risa ni sus ojos.
Jorge, con su manera de ver la vida, sin complicaciones.
Definir lo que nos hace amigos sería complicado. Env ez de eso prefiero vivir inmerso en esta amistad tan reconfortante, tan dulce y esperanzadora de que nunca todo estará perdido.
Sería desentrañar un misterio que siempre me ha encantado y es ¿qué diablos hacen unos tipos como ustedes con un tipo como yo, y por qué me siento tan afortunado?
Siento no haberlo dicho antes Román, y que hubiera de ser tu cumpleaños un pretexto para decírselos: los quiero amigos. Ojalá lo haya sabido expresar mejor con acciones que con estas pequeñas palabras.Hoy al salir de la regadera, encontré el espejo del baño completamente empañado. Me quedé mirando un rato mi propia imagen distorsionada por la humedad y por un impulso infantil, dibujé en el lugar donde correspondía mi rostro una cara feliz.
Una imagen difusa coronada de una sonrisa falsa.
Seguí viendo mi reflejo en el espejo empañado. Lentamente, al volver la temperatura normal el vapor comenzó a condensarse en pequeñas gotas dispersas. Pero en el lugar donde estaba la cara feliz se formaron dos gotas más grandes que el resto. Dos gruesas (y como todas las que recuerdo) involuntarias lágrimas. Se deslizaron por la sonrisa, desvaneciéndola.
Sentí un escalofrío al momento en que el aire caliente se enfriaba. Y de pronto estaba borrando con mi mano el rostro que ahora era de tristeza. Y me encontré con otra imagen, frágil, desnuda y sola que intentaba con todas sus fuerzas borrar su reflejo.
***
Arañando el velo empañado de mis limitadas percepciones, dibujo la felicidad.
Pero en el velo desvanecido afronto el vacío, la necia quimera de ser feliz se arrasa dejando una verdad fría y triste; en la claridad soy un hombre frágil, desnudo y solitario, que con todas sus fuerzas se odia así mismo.
Eso hay debajo de la sonrisa, que dibujo en los instantes de armonía, en los episodios de coagulado entendimiento. Segmentos para creer, sentirse completo, soñar el interludio de dos soledades. De la que vengo y a la que voy.
No mirar el fondo de los espejos es lo que hace que mi vida sea no dichosa sino soportable. Ser feliz se volvió empañar los cristales con desaliento.
Seis meses después...
Inevitablemente comencé a quererte. Tu presencia condensada en una pantalla me era más apreciada que el gesto, que el abrazo, que la voz de muchos cuanto me rodeaban.
Hay algo de triste en que el peso de nuestras tragedias caiga sobre los hombros más inocentes, sobre los constantes, sobre los que nos aman sin esperar, sobre cada de los amigos y la familia; en que ellos se sostengan la amargura que es uno, la amargura que se cae a pedazos maldicientes.
Pero tú, Natalie, luz naranja en mi pantalla, día tras día te volvías la depositaria de mis necias felicidades, de la secreta vanidad de tenerte a mi lado, de saberme tan guarecido detrás de un monitor que no había ternura que no arriesgara, ni sinceridad perdida. Un rostro distante el destino de un horizonte que abría alas.
No sé que es el amor, no lo sé de verdad. Pero debe parecerse a lo que anidaba ya en mis sueños que te rodeaban.
***
Una noche me dijiste la verdad.
Máscaras sobrepuestas.
Natalie, desde el nombre comenzó la mentira.
Mentira eran tus años, los rasgo de tu foto, el azar hermoso que te había llevado hacia mí. Mentira tus sueños y todo el cariño que yo adivinaba era un recorrer mi laberinto de la mano de la curiosidad. Cada bella casualidad y coincidencia, cada deja vu, se vino a pedazos dejando al descubierto una pesquisa previa.
Llegar a mi puerto fue para saciar un ego lastimado.
Incluso antes de revelar todas las mentiras, dijiste que querías verme a la cara. Sentí después de todo, que contemplabas un cráneo desnudo, sin palabras.
***
Llegaste aquel verano como veneno dulce. No sé qué tan herida, no sé con cuánta vanidad lastimada, con cuántas ganas de demostrarte que no eras lo que yo pensaba. Legaste de la mano de la mentira.
Y para borrar aquello que yo pensaba de ti, te disfrazaste, como todos, maquillaste tu cara, mentiste un sueño y todo lo sabido lo vestiste de coincidencia.
Así llegaste a mí. Mas no tú en realidad, sino la máscara, ese contructo que llamamos Natalie. “Natalie”, ella logró llegar al puerto de mi interior. Tú quedaste, incluso más afuera para siempre de mí.
Porque yo de ti seguiré pensando lo mismo que antes de conocerte personalmente: que no eras más que una mujer lastimada y manipuladora, una mujer que haría daño sólo por sentirse menos sola, una mujer tan débil que prolongaría una mentira por más daño que hiciera por no saber terminarla.
Un mujer que mentiría un “te quiero” para que se lo devolvieran.
La noche que caía tu farsa, se alzaba un día nuevo, el colofón de la broma amarga: 28 de Diciembre del 2005.
Fue tanta la extrañeza dentro de mí ante tal suceso, que no cabía espacio ni siquiera para la tristeza.
***
Pigmalión fue un artista que se creo una estatua de marfil tan perfecta que se enamoró de la misma.
Quizás yo con manos en vez de cincel, con deseos, con ansías, con soledad, trabajé no sobre marfil sino con aire, o sobre la breve insinuación de una foto, de un gusto, de un posible eco. Construí de quien enamorarme.
“Natalie” es más mía que de cualquiera. Estaba construyendo a la mujer en donde depositar mi corazón y mis sueños. No me he enamorado de la persona en sí, sino de su papel en mis horizontes, de la mujer posible, del latido acompasado, de la mirada donde me reflejo.
Natalie se ha ido.
Pero lo verdaderamente triste es que no me recuerdo (ni me siento capaz) de amar sin construir, de amar sin que sea mi creación donde como una costa vayan a romper los mares de mis plegarias.
01.- Call on me (Lou Reed)
02.- I don't believe in love (Queensryche)
03.- Wicked witch (Demons & Wizards)
04.- Let me fall (Josh Groban)
05.- Swan heart (Nightwish)
06.- Garden of lamentations (Virgin Steele)
07.- Scarlet rose (Egduy)
08.- Of light and darkness (Vision Divine)
09.- Beloved (Virgin Black)
10.- Darkness (Lacrimosa)
11-. May I kiss your wound? (Sopor Aeternus)
No te conocí como a cualquiera. Llegaste aquella tarde de verano como un misterio a descifrar, como un nombre solo, un nombre que reverberaba dolor y desconfianza. Mas no eras tú, esa sombra de mi pasado, esa lágrima triste que había olvidado en mis pestañas. Te llamabas y no eras, Natalie.
Y desde la frontera de los nombres, descendimos el uno hacia otro.
¿Qué significa conocer a alguien?¿Es coincidir?¿Cohabitar los mismo espacios, los tiempos, la fugacidad de una sonrisa?¿Es encontrar la forma nuestra en el espejo?¿Nutrirnos en la coincidencia y del milagro sutil de tararear la misma canción?¿Significa, quizás, vibrar con las mismas notas y sentir el desconcertante deja-vú cada dos frases? ¿Es a fin de cuentas “domesticar” como el zorro de “El Principito”?
Natalie, sólo eras un nombre en mi pantalla, el naranja palpitante de tu saludo en el MSN, una cifra de correos nuevos, una canción compartida, una foto bellísima con la mirada sombreada de melancolía.
***
Todos son máscaras. En el teatro triste del mundo desfilamos representando un papel. Soy tu buen creyente, tu buen hijo, tu buen estudiante; tu mejor amigo, tu siniestro adorador, tu asceta flagelado. Soy el eco de tu dolor, el reflejo de tu sonrisa. Soy la máscara de la complacencia. Payaso desgarrado por dentro. Estoy vacío, tanto, que solo me queda el eco de tu llanto y de tu risa para habitarme las entrañas.
A tanta máscara le he llamado amor. Obvio y triste.
A veces dejamos de actuar. Nos despojamos de la última máscara (¿cuál es la tuya, cuál es la de cada quien?), la última, la de hombre triste, la mía. Me desprendo de las lágrimas de negra resina y de los labios dolientes, para quedarme vacío y desnudo, con un rostro sin más emoción que el cansancio. Tal cual soy.
Y llega el accidente, unos oídos sin reproche, unos ojos sin lástima.
Me abrí ante ti Natalie por la única razón que podría moverme; por que no tenía nada que perder. Porque nada esperabas y nada te debía, nada me debías y nada de ti esperaba. No te debía ni siquiera la injusta mentira de quererte, ni siquiera el duro conservar la pose de existencia. No eras nadie y nada era yo. Entonces, de ojos y oídos, pasaste a manos comprensivas.
¿Qué es el cariño? Sincronía e intertextualidad. Son las epifanías de conmoverse en el mismo verso y que los laberintos de la memoria conduzcan al mismo sitio. El amor es silencio y mirada de complicidad.
La sutil ondulación de una nota que nos dice que todo puede ser la gran sinfonía que esperábamos sentados.
Continuará
Quiero pensar que es por que tengo frío. O el fastidio de siempre escuchar música. O la radio indicándome con cada cambio de programa la hora que es.
La latencia del café adivinada en el sabor a café en mis labios o las agruras por haber bebido demasiada coca-cola durante la tarde.
Quiero adivinar el insomnio más allá de la frontera de la piel.
***
Se mueven en la periferia de mis pensamientos. Si tratas de enfocarlos con un poco de raciocinio se pierden dentro de ti, como una mano que estruja tu estómago, como una angustia indescifrable. Y el insomnio es eso, una periferia de pensamientos, un desfile inquietante que pasa por el rabillo del ojo.
Sombras, recuerdos, sombras y más sombras. Un procesión de amarguras, de frustraciones y memorias me desvelan.
Amanece, las imágenes se difuminan, mas los sentimientos se vuelven de una exactitud inexorable.
Amanece. El frío intenso es un pretexto para las lágrimas.
***
Quiero pensar que es el frío. No la sorpresa desabrida de no poder recordar un beso, un abrazo, las charlas infinitas... No la amargura de que es mentira, de que no me duele no recordar los besos, las charlas y el abrazo infinito (lo cual sería un alivio), sino que lo recuerdo con precisión dolorosa. Quiero pensar que el frío es quién causa mis lágrimas.
Amanece, no dentro de mí.
Y no saber si la fractura en el optimismo automático de los últimos días es el insomnio o la tristeza. Cuál es la causa y el efecto y dónde acabarán.
Quiero dormir. Y que amanezca dentro de mí.|
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